El Éxtasis de Gabriel, de Sylvain Reynard

El Éxtasis de Gabriel, de Sylvain Reynard

Pues me he leído El Éxtasis de Gabriel porque es la segunda parte del Infierno de Gabriel, así que seguro que es buena literatura por partida doble.

Escribí esta reseña para El Club Escarlata en 2014, no es demasiado larga, pero he querido recuperarla para Parfavar Libros también, porque era de las que más gustaban y uno de los libros con los que más sufrí. Enjoy.

Por fin he acabado de leerme este libro de Satanás, que ya llevaba como medio año comenzado pero no había manera de acabar. Que cuando tenía tiempo libre prefería ponerme a estudiar antes que ponerme a leer esto; prefería ponerme a limpiar el horno, desatascar las tuberías del lavadero y limpiar la mierda de mi rata, antes de ponerme a leer esto; pensaba en él y me daban escalofríos de terror. Os recomiendo el libro sólo si queréis acabar con un aneurisma.

Sadomasoquismo en El Éxtasis de Gabriel
Leer El Éxtasis de Gabriel, descripción gráfica.

Os gustará saber que la esencia del primer libro continúa intacta en esta segunda parte, es decir: hay que repetir que Julia es una santa como mínimo tres veces por página, hay que apelar a San Francisco de Asís como mínimo ocho veces por capítulo, y hay que citar a algún artista o hacer alguna referencia cultural totalmente gratuita como mínimo en cada línea de diálogo. Además, se han puesto muy pesados todos con el tema de Dios y se pasan el día rezando. Odio esta saga.

Sylvain Reynard es el mejor escritor de novela romántica de la historia del universo y lo sabes porque es verdad

El argumento de esta segunda parte es fascinante, como el de todas las novelas románticas. Comienza justo donde acaba la primera, el minuto después de haber mojado el churro. El caso es que los dos petardos siguen con su relación pecaminosa fuera del matrimonio y violando las normas de la universidad, pero a ellos todo eso les da lo mismo porque sólo se necesitan el uno al otro para vivir, si les echan ya se harán una tienda de campaña en el huerto de los manzanos de las narices y tocarán el arpa y recitarán a Dante y se dirán muchas chorradas y comerán manzanas como Adán y Eva. Pero claro, como ellos van ahí encegados de endorfinas no se enteran de que están actuando como una pareja en público.

El Extasis de Gabriel es raro.
Cuando ves a alguien leyendo la saga de Gabriel.

El resto de personajes son tan lerdos que hasta ahora no se han dado cuenta, pero Christa Peterson sí, porque es una tía muy lagarta y muy mala, pero solo porque el autor leyó en Wikipedia que los protagonistas necesitan un antagonista. Christa solo se dedica a zorrear con profesores y a vengarse de la gente, ella es así, así que cuando descubre la absurda relación que tienen Gabriel y Julia, su inclinación al mal la hace denunciarlos a las autoridades, y ya está, ese es todo su papel, porque luego desaparece misteriosamente de la novela. El profesor Payaso, no me acuerdo del nombre en concreto, también es súper hijo de puta, y se le insinúa a Julia en una de esas conferencias de mierda de Gabriel que sólo duran diez minutos y en las que sólo suelta paridas sobre el Infierno, follarse a los ángeles y la redención, porque el tío es muy de hacer postureo. Cuando ve al maligno Payaso hablando a Julia, el tío se cabrea un montón, se indigna tanto que le tira el bolso al suelo a Julia, le prohíbe que otros hombres la toquen, y se la folla allí mismo como el conquistador nato que es.

Christa Peterson en El Extasis de Gabriel
Christa Peterson.

El Juicio Final de Gabriel y el resto de mandangas

En fin, llega el juicio que tienen con la universidad y te comienzan a explicar cosas de leyes y abogados que te sudan el chomino, y te sientes como en un capítulo de Ally McBeal, porque es todo muy romántico a la vez que profesional y porque todo el mundo está chalado de la cabeza. También hay un rollo raro con una tal Paulina, que es otra tía muy mala que se quedó embarazada de Gabriel pero tuvo un aborto; no me acuerdo qué pintaba en la historia, porque no tiene ninguna relevancia y solo existe para putear a Julia. En esta saga sólo hay dos tipos de mujeres en el mundo: santas y putas.

Pues bueno, los del comité de gente importante de la universidad deciden que Gabriel se aprovechó de Julia, pero como ella es muy santa quiere cargar también con la culpa y pega un discurso ante el comité culpándose de todo, pero como es medio retrasada mental no le hacen caso. Total, que Gabriel y Julia se cabrean porque Gabriel le hace el vacío y ella se piensa que ya no la quiere, y probablemente sea el momento más agradable de la novela porque como no se hablan, el número de chorradas disminuye exponencialmente. Mientras tanto, Paul, un pavo de la uni que es un poco cretino, está por ahí pagándole Fantas a Julia.

Llorar de frustración leyendo El Éxtasis de Gabriel
Cuando aún te faltan 200 páginas para acabar El Éxtasis de Gabriel.

Gabriel se siente fatal por dentro, y como es muy santo también, decide irse a Italia a hacer penitencia a la basílica de San Francisco de Asís y a dar de comer a los niños pobres. También habla mucho con Dios y le cuenta sus cosas, las lavadoras que pone, lo que se hace de cena, y además comienza a tener alucinaciones y ver fantasmas, probablemente por un problema de sífilis o de drogas duras.

San Francisco de Asís aprueba El Éxtasis de Gabriel por exasperación

Al final, cuando expira el tiempo que tenían que pasar separados para no levantar sospechas de la universidad (?), Gabriel vuelve a América y le dice a Julia que todo era broma, que en realidad no la había dejado, que lo había hecho todo para protegerla. Pero Julia no se lo acaba de creer, así que él se vuelve súper pesado y súper pegajoso, y se obsesiona con casarse con ella, le está todo el día encima diciéndole paridas al oído, calentándola y negándose a follar, porque a los ángeles no se les folla y no quiere volver a follar con ella hasta que no estén casados. Con tanto toqueteo Julia va cachonda todo el día, y se empieza a hartar de tanta castidad y tanta gilipollez, así que acepta casarse con él por pura exasperación, porque ya hacía como seis meses que no tenía un orgasmo y ya estaba hasta el coño. Y entonces follan y fin.

Arte en El Extasis de Gabriel
Cuando te animan a leer la tercera parte de la Saga de Gabriel pero tienes mejores cosas que hacer.

 

Mi firma

 


Parfavar Perlas

Las mejores perlas de El Infierno de Gabriel, descontextualizadas para vuestro deleite.

Christa Peterson había tenido una infancia privilegiada. No había nada que justificara su maldad… Christa también había asistido a catequesis. Fue confirmada en la Iglesia Anglicana y estudió el Libro de Oración Común de Thomas Cranmer, pero ninguna de esas cosas las hizo con el corazón… Vengarse de Julia era una prioridad. No sabía qué iba a hacer para conseguirlo, ni cuándo, pero metafóricamente hablando, iba a clavarle un cuchillo a esa zorra e iba a cortarla en cachitos (también metafóricamente).


Por cada nuevo regalo, Christa permitía que la tocara de maneras nuevas y viejas.

‘De maneras nuevas y viejas’, la elocuencia de esta novela es abrumadora.


En el ático de un hotel de lujo de Florencia, había ropa desperdigada por el salón, como un camino de migas de pan que iba desde la puerta hasta una pared que hasta entonces estaba desnuda, pero que en esos momentos estaba ocupada por dos personas apoyadas en ella.


―Para mí, tu nombre es sinónimo de orgasmos. Voy a empezar a llamarlos ‘Gabiorgasmos’.
Él se echó a reír con ganas. La risa le resonaba en el pecho y hacía que la cabeza de Julia botara con tanta fuerza que tuvo que sentarse. Se echó a reír también, contagiada por su buen humor.

La cabeza de Julia BOTABA CON FUERZA.


―Me sorprende que mi silueta no haya quedado marcada al vapor en la pared.


Por desgracia, la empresa de juguetes se había olvidado de hacer una figurita de Virgilio. (Al parecer, Virgilio no cumplía los requisitos necesarios para convertirse en una figura de acción.) Paul no estaba de acuerdo. Él estaba más que preparado para un poco de acción. Por eso decidió escribir a la empresa de juguetes y alertarlos de su lamentable descuido.

Poner una hoja de reclamación porque una juguetería no tiene una figura de acción de Virgilio. La puta demencia de los personajes de esta novela es increíble.


―Tengo que decirte una cosa.

Él la miró expectante.

―A veces, me vienen arcadas.

Gabriel frunció el cejo.


Aunque estaba pálida, sus labios y sus mejillas tenían un saludable tono rosado.

En qué quedamos.


En la penumbra de la habitación, él contempló sus tentadoras curvas con avidez.

―Eres un argumento que demuestra la existencia de Dios ―murmuró.

Igual aquí la palabra adecuada sería ‘prueba’, pero no le debió salir en el diccionario de sinónimos.


Cuando estaba dentro de ella, para él todo era cálido, excitante, tropical… perfecto.

Estoy imaginando al autor buscando en el diccionario un antónimo para ‘frígido’, como si lo viera.


―No la abandonaré nunca. No podría vivir sin ella.

―¿Y por qué no se lo dices a ella?

―Porque sólo llevamos dos semanas juntos.

Me meo.


―¿Por qué no te comprometes con Julia? Estoy segura de que está angustiada por el futuro. El matrimonio es un sacramento creado en buena medida para proteger a las mujeres de la explotación sexual. Si le niegas esa protección, ella no deja de ser algo muy parecido a tu amante, la llames como la llames.


―¿Qué pasaría si tu hijo viniera a casa con una mujer que es madre soltera? ¿Y si el niño fuera de otro hombre?

―A José y María les pasó algo parecido.


Prefiero pasar el resto de mi vida bebiendo de tu amor que vaciando todos los océanos del mundo.


―Tú sí que eres hermosa. Por dentro y por fuera. Eres un precioso polo helado.


En otras palabras, llevaba la vida típica de la respetable académica solterona, aunque no era aficionada a la jardinería ni a coleccionar amantes, ni vivía rodeada de una docena de gatos. (Por desgracia).

Uh. Porque la típica vida de una solterona académica debe ser, o bien zorrear, o bien comprarse gatos y estar sola en casa cuidando el jardín. Santas o putas.


―No vayas a ninguna parte, bombón ―le dijo a su socia pélvica antes de escabullirse en el lavabo, vestido sólo con unos slips rojos.

‘Socia pélvica’, pavos.


―Creo que tu infancia fue peor que la mía ―dijo él. Julia apoyó la cara en su hombro, pero no dijo nada―. Si la maldad vuelve fea a la gente, tu madre debió de ser horrible.

Gabriel es todo lo que una mujer espera en un hombre, es la delicadeza en persona. Todo un caballero.


―No eres una seguidora de Dante, eres una franciscana.

Julia se echó a reír.

No lo pillo.


―¿Lo ves? Un chico capaz de besar así no puede ser mala persona. San Francisco de Asís daría su aprobación.

―Siento decirte que tu querido San Francisco no siempre tenía razón. Hay un pasaje en el Infierno en el que discute con un demonio por el alma de Guido de Montefeltro. ¿Lo conoces?
Cuando ella negó con la cabeza, Gabriel se lo recitó en italiano.

Realmente se pone a recitar en italiano. Es decir, que está transcrito en el libro. Pero os he ahorrado el dolor de cabeza omitiéndolo. Este fragmento es un ejemplo del recurso que utiliza el autor para fardar metiendo cosas de listos: un personaje le pregunta a otro (normalmente a Julia, que como es lerda…) si conoce X, y como el otro no conoce X, pues se pone a explicarlo. Da igual que no aporte nada a la trama, da igual que sea ridículo y que al lector le importe una mierda Guido de Montefeltro, el caso es lucirse. Lo curioso es que Julia no conozca el fragmento referido, si es especialista en Dante debería saberse la Divina Comedia de memoria.


―Respecto a lo de protegerse el uno al otro… Puede argumentarse que los hombres tienen la necesidad biológica de proteger a las mujeres y a los niños. No sé cuál es la auténtica razón, pero es así… Si te niegas a que haga cosas por ti se sentirá inútil, superfluo.

Pues le haces un sándwich, gilipollas.


―Un Gabriel feliz es tan difícil de ver como un hobbit.

Y ya comenzamos con las referencias chorras, ninguna tiene el menor sentido. Dios, qué coñazo. Ahí van.


―¿Has visto la película ‘Trescientos’? ―Julia negó con la cabeza―. Trata de la batalla de las Termópilas, en la que trescientos espartanos mantuvieron a raya a doscientos cincuenta mil persas antes de la derrota final. Herodoto escribió sobre ello.

Julia la miró con curiosidad y admiración. ¿Cuántas psicólogas serían capaces de citar a Herodoto?


―Esa reunión ha sido una auténtica conjura de necios ―dijo Soraya, reclinándose en su asiento en el bar del hotel Windsor Arms.

Julia asintió, preguntándose si eso la convertía en Ignatius Reilly, el protagonista del libro, o si Ignatius era Gabriel y ella era Myrna Minkoff.

Si alguien encuentra alguna relación o semejanza entre Ignatius y Julia que me la diga, por favor. En serio, me gustaría saberla. De hecho creo que voy a preguntárselo a Sylvain directamente.


Si Paul hubiera sido fan de Jane Austen, habría comparado al profesor con el señor Wickam o con Willoughby. Pero no lo era.

Esta información es esencial para entender la historia, es esencial que sepas que si Paul hubiera sido fan de Jane Austen habría comparado al profesor con el señor Wickam, pero que no lo era. Si no lees eso no te enteras de lo que viene después.


―Lo que tienes que hacer es salir un rato. Este lugar es deprimente. Parece la casa de la señora Havisham.

―¿Te convierte eso en Pip?


―¿Una llave mágica? ―preguntó, mirando a Gabriel sin comprender―. ¿Es la llave de algún jardín secreto? ¿Del armario que lleva a Narnia?

Que alguien me pegue un tiro.


Él observó, extasiado, cómo la cascada de pelo oscuro y brillante se derramaba sobre sus delgados hombros .

―Me duele el pelo.

Ajajajajajaj. No puedo.


―No creo en el ‘angst’.

―¿Por qué no?

―Porque no soy existencialista. Soy especialista en Dante. ―Julia arrugó la nariz.

―Muy gracioso, profesor. Con un nombre como Emerson, habría pensado que eras un trascendentalista.

Gabriel se echó a reír.

Ni puta idea de lo que quiere decir esto, pero al parecer es la hostia de gracioso.


Por último os dejo unas cuantas fotos de San Francisco de Asís, que podía hablar con los animales como una princesa Disney, y que también es súper importante para entender la historia de Gabriel y Julia.

San Francisco de Asís con los animales
San Francisco en el bosque de Blancanieves.

 

San Francisco dando de comer a los patos
San Francisco dando de comer a los patos

 

San Franciso en El Infierno de Gabriel
San Francisco consolando a un chucho.

 

San Francisco hablando con los animales en El Éxtasis de Gabriel
San Francisco vegano.

 

San Francisco de Asís mirando hacia arriba
San Francisco mirando hacia arriba.

 

San Francisco de Asís mirando abajo
San Francisco mirando hacia abajo.

 

San Francisco reza en El Éxtasis de Gabriel
San Francisco en plan WTF GOD?

 


 

Sylvain Reynard Twitter

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