El Infierno de Gabriel, de Sylvain Reynard

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Pues he hecho una reseña de El Infierno de Gabriel porque va de querer mojar el churro con tu alumna pero no poder por ser muy religioso, así que seguro que es un petardo. También se cita a San Francisco de Asís unas doscientas veces, que siempre es algo necesario en un libro de erótica, porque Dios es amor.

Escribí esta reseña para El Club Escarlata en 2013, no es demasiado larga, pero he querido recuperarla para Parfavar Libros también, porque era de las que más gustaban. Enjoy.

Este libro lo ha escrito un señor que se leyó toda la página de Wikipedia sobre la Divina Comedia mientras se fumaba un manojo de perejil. Los protagonistas son Gabriel, un profesor universitario especialista en Dante que tiene la cabeza muy mal amueblada; Paul, un tío que hay por ahí; y Julia, una acelga hervida.

El Infierno de Gabriel es un libro muy chachi

Pues el libro este se llama “El Infierno de Gabriel” porque Gabriel tiene un pasado oscuro y no puede tener sexo con Julia porque es su alumna y además es virgen, y ella es reticente porque salió escaldada de su última relación porque la maltrataban y además tiene una familia disfuncional y es muy insegura y tímida, etc. Y claro, el pobre hombre sufre un infierno por todo ello blablabla.

El libro es una paranoia absurda que intenta crear un paralelismo entre la relación que tuvieron Dante y Beatrice, y la de Gabriel y Julia; y si sabéis algo sobre la relación de Dante con Beatrice, sabréis por qué me parece un timo que esta novela se venda como erótica.

No pueden tener sexo porque la política de la universidad les impide mantener una relación profesor-alumna, sin embargo, su absurda lógica les hace pensar que les es lícito dormir juntos cada noche sin follar, haciendo la cuchara como buenos episcopalianos. Todo está lleno de gilipolleces incongruentes. Se pasan el libro mareando la perdiz, y de hecho la trama se puede resumir así:

“Te adoro y te amo pero soy un mierdas y no te merezco porque eres un ángel. Soy una pánfila acomplejada y la que no te merece soy yo. No, soy yo. No, yo. No, yo soy el que no te merece. No, yo, nadie me quiere. Pero yo te quiero. Pues yo te quiero más. Yo te adoro. Yo más. No, yo. No, yo más. No. Follemos, Fin.”

Los diálogos son para dejarte ciego de tanto azúcar, y dan vergüenza ajena.

Pintura rupestre en el Infierno de Gabriel
“Un cuerpo como el tuyo habría inspirado a los hombres de las cavernas a pintar las paredes.”

San Francisco de Asís aprobaría esta reseña

Hay continuas referencias culturales y citas de autores que no vienen a cuento de nada; me imagino al autor pensando “voy a elevar el nivel intelectual de la literatura erótica mencionando a Puccini, Brunelleschi y Victor Hugo en la misma frase, soy muy inteligente y culto, admiradme y dadme una piruleta.”

Para poneros un ejemplo (en el que además queda patente que el autor no conoce el significado de la expresión “elipsis temporal”), hay un momento en que Gabriel hace una conferencia sobre Dante y el sexo o no sé qué chorrada, y se nos la transcribe TODA. Como siete páginas de puras chuminadas gratuitas que no hacen otra cosa que aburrir al lector. Oye, Sylvain, si quiero estudiar a Dante me leeré la maldita Divina Comedia, no iré a mirar en tu petardo de libro.

De todas maneras la escena me hizo gracia, porque calculando lo transcrito en tiempo real la conferencia dura unos diez minutos. Ajajajajaja. Vaya mierda de conferencia.

Gabriel y Julia juntos en el Infierno forever and never

Los protagonistas son insoportables. El autor debió pensar “ay, quiero que Julia sea la mejor persona, la más buena y compasiva del mundo mundial, y para ello voy a hacer que los personajes lo mencionen en CADA frase que sueltan por la boca. Y además voy a hacer que se pase todo el libro tirada por el suelo, retorciéndose las manos y mirando hacia abajo con cara de culpabilidad para que se note que es una pobre víctima de sus circunstancias; voy a hacerla tan frágil que los personajes la tratarán siempre como si fuera de cristal. No, más aún, como si fuera DE GALLETA.”

Vasos de plástico en El Infierno de Gabriel
La solución al problema de vasos de Julia.

El ensañamiento contra Julia es tan exagerado que parece una parodia. Había momentos en que no podía evitar reírme mientras leía porque se pasa el libro llorando, desmayándose y rompiendo vasos porque se le caen. Es tan extremadamente mártir, víctima y patética, tan tonta del culo, que es imposible identificarse con ella. Gabriel es otro tonto del culo que no para de hacerse pajas mentales con Beatrice, los ángeles, el Infierno y la redención.

Después de mucho drama absurdo, diálogos sin sentido y cientos de páginas de gilipolleces non-stop, follan en las últimas páginas y la novela se acaba, poniendo fin a nuestro dolor. FIN.

 

Mi firma

Jarjarjar. Bueno, os dejo también la mierda esta de Booktrailer, que es tan cutre como la novela.


Parfavar Perlas

Las mejores perlas de El Infierno de Gabriel, descontextualizadas para vuestro deleite.

Era como si estuviese debajo de un canalón de agua. Los coches y autobuses pasaban por su lado mojándola aún más, pero ella no se molestaba en apartarse de las olas que levantaban. Al igual que los disgustos que daba la vida, Julia simplemente las aceptaba.

Paul se recordó que debía ser paciente. Muy paciente. Y muy cauteloso cada vez que alargara la mano para ofrecerle una zanahoria o para acariciarle el suave pelaje. Si no, el Conejito se asustaría y no tendría la oportunidad de ayudarlo a convertirse en un ser real.

Julia se pasó los trozos de cristal de una mano a otra y siguió con su tarea. Parecía un cachorro arrastrándose patéticamente por el suelo con una pata herida.

―Voy a solicitar un cambio de director de proyecto. Sé que piensa que no soy demasiado brillante y que si no pidió el cambio fue porque sintió lástima al ver mi apartamento. Es evidente que piensa que no estoy a su altura y que le resulta muy duro tener que tratar con una estudiante virgen y tonta. Así que, adiós.

El silencio era tan intenso que casi podía oírse.

Si Gabriel hubiera sido Frodo, Julia habría sido su Sam y lo habría seguido hasta las entrañas del Monte del Destino.

―Mi familia es como una novela de Dickens, Julia. No, peor. Somos una mezcla retorcida de Arthur Miller y de John Steinbeck, con una pizca de Dostoievski y de Tolstoi para darle sabor.
―¿Tan grave es la cosa?
―Sí. Me temo que hay también elementos de Thomas Hardy acechando bajo la superficie.

Esto es el colmo de la pedantería. Ni puta idea de qué quería decir con todo eso; igual se refiere a que tienen familiares en el extranjero.

―Es uno de mis motes.
―No lo entiendo. Tendría que comenzar por P.
Ella frunció el cejo. “¿Por qué? ¿P de puta? ¿De Perra? ¿Petarda?”

―¿Quieres enfrentarnos como si Paul y yo fuéramos personajes de una obra de Prokofiev? Él es Pedro y yo soy el lobo. ¿Qué eres tú? ¿El pato?

―Nunca, y cuando digo nunca quiero decir nunca, te follaría. ¿está claro? Uno no se folla a un ángel.

Mientras ella examinaba las aplicaciones del iPhone de él, vio que tenía música de Mozart, Chopin, Berlioz, Rachmaninoff, Beethoven, Matthew Barber, Sting, Diana Krall, Loreena McKennitt, Coldplay, U2, Miles Davis, Arcade Fire, Nine Inch Nails…

―Scott ha puesto una lenta. Rachel querrá bailar. Si me disculpas… ―Desapareció en el salón, dejando a Julia con una cerveza perfecta y unos pensamientos imperfectos.

Me imagino al autor pensando que esto es el juego de palabras definitivo, sonriendo con suficiencia delante de la pantalla del ordenador.

Julia se dio cuenta enseguida de que algo iba mal y no sólo por las notas de Madama Butterfly que le llegaron desde el salón.

“¿Por qué tiene que ser tan dulce y generosa? ¿Por qué tiene que ser tan compasiva? ¿Era obligatorio que tuviera una alma tan hermosa?”

―Un cuerpo como el tuyo habría inspirado a los hombres de las cavernas a pintar las paredes.

―Esta noche es un regalo. Acéptalo ―replicó él, con una sonrisa en sus labios perfectos―. San Francisco de Asís lo aprobaría.

San Francisco de Asís aceptando

 

 

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